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EQFútbol Eventos Especiales y Fútbol
Este 15 de abril se cumplen 37 años de la “Catástrofe de Hillsborough”, en donde se preveía una fiesta (como lo amerita una semifinal de fútbol) pero que concluyó en una barbarie ante los aficionados del Liverpool FC, con un saldo de 97 muertos en manos de la policía, con la responsabilidad también de los dirigentes deportivos. Y con la complicidad de sus pares políticos, que hoy, siguen sin impartir justicia.
El sábado 15 de abril de 1989, estaba previsto jugar la semifinal (en cancha neutral a partido único como es tradición en el fútbol inglés) de la F.A. Cup entre el Liverpool FC y el Nottingham Forest. El escenario elegido era el longevo estadio de Hillsborough (donde hace de local el Sheffield Wednesday, cuarto club más antiguo de Inglaterra fundado en 1867). Con un marco de revancha (ya que el año anterior se habían enfrentado en la misma etapa del certamen en el mismo escenario –los “Reds” ganaron por 2-1-), ya se habían detectado inconvenientes debido a la aglomeración del público. La arquitectura estaba advirtiendo.
Desde un principio se tomaron malas decisiones para organizar el evento de tamaña importancia. La elección del estadio fue la primera; un edificio inaugurado en 1899 cuya última reforma había sido para el mundial de 1966. En él sólo había 23 molinetes para acreditar el ingreso de 24.000 almas, seguidos de angostos corredores hacia las bocas que los depositaban en sus ubicaciones, generando así atrasos en el ingreso. A esto se le suma que la parcialidad de Anfield había llegado impaciente ya que en la ruta a Sheffield habían estado, también, demorados por el tráfico. A todo esto, como si fuera poco, se le sumó otra mala decisión: la del nombramiento a cargo del operativo de seguridad (por parte de la policía de Sheffield) de un oficial sin experiencia en el control de masas en eventos deportivos, el inspector David Duckenfield que con el partido ya iniciado resolvió liberar los accesos, ubicando en la tribuna del oeste (la de atrás del arco, la de la catástrofe) a 3.000 personas donde había lugar para 1.600. Es cuando la tragedia en el norte de Londres sucedió.
A los 6 minutos del primer tiempo grandes avalanchas de público acrecentaron el abarrotamiento de fanáticos que habían ido a vivir una fiesta. Niños, mujeres y hombres, literalmente pegados ante el alambrado generándose asfixia, además de múltiples traumatismos. La tribuna se había convertido en una trampa mortal. Las autoridades médicas no lograban llegar al campo de juego, sólo una ambulancia pudo hacerlo. Entonces, los aficionados empezaron a actuar sin oficio. El saldo a lo largo de la historia fue de 97 muertos (4 días después muere un niño de 14 años, 4 años posteriores fallece la última persona de 22 que estuvo en estado de coma y se decidió quitarle la asistencia médica y el último se registró en 2021 ya que sufrió lesiones cerebrales, aplastamiento torácico durante la tragedia, lo que lo dejó en un estado de dependencia y daño permanente hasta su muerte.), 766 heridos de entre 10 y 67 años y cientos quedaron traumatizados.
Sin esperar demasiado, la policía empezó a entorpecer la investigación falsificando informes policiales, declarando que los hinchas habían ido borrachos y, en el afán por ingresar sin tickets, produjeron el accidente (aprovechando a su favor el contexto ya que 4 años antes en la final de la hoy Champions League, hinchas radicales del Liverpool emboscaron a los de la Juventus causando la muerte de 39 personas). Los medios de comunicación también contribuyeron en esta coartada; el 19 de abril, “The Sun” publicó en su portada “La verdad”. Allí, entre otras miserias, se acusó a los simpatizantes rojos ebrios de provocar el desastre.
El Reino Unido inmerso en una gran crisis social/económica (desocupación, paros generales, violencia en las calles, hambre, etc.) junto a estos acontecimientos, golpearon muy duro al régimen opresivo propuesto por su entonces primera ministra Margaret Thatcher, la cual, aprovechó para impulsar un inmenso negocio y con él un gran cambio cultural: promulgó la “Ley del Hincha” (Football Spectator Act) que ordenaba reducir el aforo en los estadios, aumentando considerablemente el precio de las entradas (entre otras políticas) dejando de esta manera por fuera de las canchas a gente de bajos ingresos y segmentando al público. Paralelamente se empezó con el plan de privatización ya que arribaron inversionistas a los clubes, elaborando un producto atractivo para la tv. Es así, como para la temporada 92/93 se disputa la primera edición de La Premier League.
En el año 2009 el gobierno británico creo el “Panel independiente de Hillsborough” compuesto por ciudadanos y el obispo de Liverpool para investigar el siniestro. Dicha comisión el 12/9/12, publicó un informe final en el que se implica directamente a la Policía de ser, pura y exclusivamente, la responsable. Este informe logró que el Tribunal de Londres anulara el veredicto de muerte accidental original para ser caratulado como crimen. En 2016 un fallo judicial dictaminó que la fatalidad fue «consecuencia de un homicidio involuntario provocado por la ineficiencia de la Policía». En 2017 se inició el juicio hacia 6 personas, entre ellos, el jefe del operativo David Duckenfield, ya que la fiscalía mediante un comunicado anunció: “Hay suficientes evidencias para imputar delitos a 6 individuos”. Pero en 2019 el jurado dictaminó absolver al excomisario Duckenfield de 75 años.
En la actualidad los familiares de las víctimas siguen luchando para que se juzgue a los responsables del entramado (los causantes como los encubridores) de esta gran catástrofe. Tal vez el proyecto de ley impulsado por este colectivo de parientes que se tratará este 2026 en el parlamento británico denominado la “Ley de Hillsborough” donde se busca prevenir que los organismos públicos prioricen su reputación sobre la verdad, permitiendo sancionar penalmente a quienes engañen al público o actúen con «grave negligencia” pueda lograr alivianar el dolor de décadas acumulado.
Fueron los hinchas del Liverpool los que sufrieron este desgraciado acontecimiento, que podría haberle ocurrido a cualquier hinchada del mundo, por eso el aprendizaje debe ser universal.
Por eso, la frase que resuena eternamente en Anfield es mucho más que un lema: es una promesa de memoria. Porque aquellos seguidores que perdieron la vida una tarde de primavera intentando ver a su equipo, y las familias que lucharon y luchan por la verdad, “NUNCA CAMINARÁN SOLOS”.
Escrito por Nicolas Serra
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